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dijous, 14 de gener de 2010

Textos aliens: Antonio di Benedetto

Considero al hombre como hacedor de ruidos.
Sus ruidos son diferentes de los ruidos cósmicos y los ruidos de la naturaleza.
El hombre es emisor natural de sonidos: la voz (el habla y el canto). Pero también los produce con instrumentos: una piedra, un hierro, batidos contra algo; los medios de hacer música, la máquina... (El ruido-máquina.)
La máquina es útil. No su ruido, peor si se exagera o no se modera. Corrientemente, ni se modera ni se controla ni se reprime. Produce, en quien lo genera, una euforia de poder (¿poder agresivo?).
Los seres humanos son generadores de sonidos. Son (los demás).
Yo tendría que recelar de la vecindad de toda la gente. Y no es ésa mi actitud: soy más bien confiado.
Hay un ruido... material.
Y hay otro ruido que es... ¿cómo es?
Viene de las personas mismas, o de las condiciones que crean las personas, o la convivencia.
A veces se percibe como un bloqueo, como una onda o infiltración sonora o un susurro opresivo y deprimente.
Tampoco es así. No es posible oírlo. Esas características hay que suponerlas o adivinarlas. Lo que de él se capta, se recibe, son las consecuencias. [...]
El silenciero, d'Antonio di Benedetto. Adriana Hidalgo editora. Buenos Aires, 2003.